martes, 13 de marzo de 2012

CRUJIR LOS DEDOS


Es habitual ver y escuchar a algunas personas manipular las articulaciones del cuerpo (dedos, cervicales...), bien por costumbre/vicio o como medida para aliviar las molestias o el dolor. Dicho de una forma más coloquial, "crujir" los dedos, el cuello...etc.

¿Es bueno o recomendable hacerlo? ¿Puede ser perjudicial a la larga? Algunos especialistas aseguran que puede provocar lesiones y otros afirman que no tiene nada de malo.

Antes de todo, debemos saber en qué consiste ese "crujido" y a qué se debe. Muchos piensan que lo ocurre cuando crujimos los dedos es que los huesos rozan entre sí, pero no es cierto. Se trata de una cuestión de diferencia de volumenes, presiones y gases dentro de la articulación.
Todas las articulaciones están rodeadas de una bolsa con líquido sinovial que protege la articulación. Es un fluido viscoso cuya función es la de evitar el roce y la fricción entre los huesos que la componen. También se encarga de nutrir al cartílago y en definitiva lubrica y acolcha la articulación durante el movimiento.

Las leyes físicas de los gases, en concreto la Ley de Boyle, nos dice que a temperatura constante, la relación entre volumen y presión es inversamente proporcional. Es decir, cuando aumenta el volumen, la presión disminuye. Pues esto es lo que sucede cuando nos crujimos los dedos. Podría compararse con  el fenómenos y el ruido que provoca abrir una botella de cava.

Para llegar a producir ese crujido, llevamos a la articulación hasta un punto máximo, una posición forzada, ya sea doblando los dedos o traccionando de ellos hacia afuera. En cualquier caso, lo que estamos haciendo es aumentar el espacio intraarticular, es decir, aumentando el volumen y por lo tanto disminuyendo la presión, que provoca que los gases salgan. Se crea por tanto, una diferencia de presiones que provoca la salida de pequeñas burbujas. La salida y rotura de estas burbujas de gas es lo que produce ese chasquido tan característico.

Algunos expertos aseguran que una de las consecuencias de un abuso de esta costumbre o vicio, es la hiperlaxitud (aumento exagerado de la movilidad) en esa articulación. A pesar de que no existen artículos científicos que demuestren ninguna de las dos teorías, algunos especialistas también creen que esta acción puede provocar artrosis (desgaste del cartílago articular) de forma prematura. 


Sin embargo, en 2009 se otorgó el premio Ig-Nobel de Medicina a Donal L. Unger por su estudio en el que él mismo estuvo crujiendo los nudillos de su mano izquierda durante 60 años pero no los de su mano derecha. El resultado fue que no había ninguna diferencia con los de su mano derecha, las 2 habían degenerado de la misma forma.

Podemos concluir diciendo que el sonido o "crujido" que oimos, no se debe a el roce entre los huesos, sino a una diferencia de presiones dentro de la articulación que provoca la salida y rotura de pequeñas burbujas de aire.

Es una práctica de la que se puede prescindir, no necesaria y que no reporta ningún beneficio a nuestro cuerpo, es un simple vicio o mania. Y aunque no existan estudios científicos que demuestren que hacerlo perjudique o dañe a la larga determinadas estructuras del organismo, tampoco obtenemos ningun beneficio haciéndolo, de modo que podemos evitarlo.




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